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miércoles, 2 de mayo de 2012

Camafeo nº2: Vuelta de paseo – Lorca




En el Camafeo nº2 hablamos sobre el poema “Vuelta de paseo” de Lorca. El poeta es este ángel caído con melena rebelde que se pasea por naturalezas muertas con sentimiento moderno, abandonado, incluso desesperado:











VUELTA DE PASEO

Federico García Lorca
Poeta en Nueva York, 1929-30

Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

Condado de las Letras

sábado, 17 de marzo de 2012

Herberto Helder, el flâneur de la sangre



Herberto Helder (Funchal, Portugal, 1930-presente) desordena todo el cosmos exterior para poder experimentar poéticamente los elementos más gastados de una manera inédita. Es uno de esos poetas que posee la mística en el cuerpo, el duende, y configura una mándala propia con la que re-significa insistentemente la sangre, la madre, el fuego, las sombras, la ciudad y las manzanas. Como bien dice Mauro Gama, “Helberto Helder no tiene miedo de las palabras: les da a su existencia, su verdad material, sus movimientos, su sangre”.  Es un poeta flâneur, porque se pasea invisible por ciudades, porque no se deja fotografiar, porque ve detrás de cada piel la consistencia urgente de la sangre y porque sabe que “el poema se hace contra la carne y el tiempo”. 



Audio:

He grabado la lectura del poema en portugués, pero con acento de Brasil, y no con el de Portugal, que sería lo ideal.




La menstruación cuando en la ciudad pasaba

La menstruación cuando en la ciudad pasaba
el aire. Las muchachas respirando,
comiendo higos – y la menstruación cuando en la ciudad
corría el tiempo por el aire.
Eran clavos en la nieve. Las muchachas
se reían, gritaban – y las higueras soplando desde dentro
los higos, con sus pulmones de esponja
blanca. Y las muchachas
comían clavos por el aire.
Y ellas se reían en la nieve y gritaban: era
el tiempo de la menstruación.

Las manzanas se resbalaban en la casa.
Alguien decía: nieve. La noche venía a
partir la cabeza de las estatuas, y las manzanas
se resbalaban en el tejado – alguien
decía: sangre.
En la casa, ellas se reían – y la menstruación
corría por las cavernas blancas de esponjas,
y se partían las cabezas de las estatuas.
Clavos – era alguien que decía así.
Y las muchachas respirando, comiendo
higos en la nieve.
Alguien decía: manzanas. Y era el tiempo.

La sangre escurría de los cuellos de granito,
y el niño abatía la boca negra
sobre la nieve en los higos – y ellas gritaban
en la sombra de la casa.
Alguien decía: sangre, tiempo.

Las higueras soplaban en el aire que
corría, las máquinas amaban. Y un pez
recorriendo, como en antigua palabra
sensible, la página de ese amor.
Y alguien decía: es la nieve.
Y las muchachas se reían dentro de la menstruación,
comiendo nieve. Las cabezas de las
estatuas estaban llenas de clavos,
y los niños abatían la boca negra sobre
los gritos. La noche venía por el aire,
en la sombra se resbalaban las manzanas.
Y era el tiempo.

Y ellas se reían en el aire, comiendo
la noche,
alimentándose de higos y de nieve.
Y alguien decía: niños.
Y la menstruación escurría en silencio –
en la noche, en la nieve –
comprimida por las esponjas blancas, allá en la noche
de las muchachas
que se reían en la sombra de la casa, resbalándose,
comiendo clavos. Y alguien decía:
es un pez recurriendo la página de un amor
antiguo. Y las muchachas
gritaban.

Las vacas entonces acechando,
y en los hocicos se consumía la lumbre en silencio.
Por las ventanas los violines
pasaban por el aire. Y la menstruación en las muchachas
escurría por la sombra, y ellas
gritaban y comían arena. Alguien decía:
fuego. Y las vacas pasaban por los violines.
Y las ventanas en silencio escurrían
su fuego. Y las admirables
muchachas cantaban su canción, como
una palabra antigua escurriendo
en una página por la nieve,
coronada de higos. Y en el fuego los niños
eran tocados por el tiempo de la menstruación.

Se alimentaban sólo de higos y de arena.
Y por el tiempo fuera,
se reían – y la nieve cubría su página de tiempo,
y las vacas se resbalaban en la sombra.
En silencio su lumbre escurría de las esponjas.
Se partían las cabezas de los violines.
Las muchachas, cantando con sus niños,
comían higos.
La noche comía arena.
Y eran clavos en las cavernas blancas.
Menstruación – decía alguien. El aire pasaba –
y por la noche, en silencio,

la menstruación escurría por la nieve.




(La traducción es mía)

Condesa Lara


miércoles, 10 de agosto de 2011

Boletín del mundo mágico





Roberto Piva (Brasil, 1937-2010), hijo incestuoso de todos los malditos, de la generación beat, de los chamanes, del caos de la ciudad de Sao Paulo. “Un ángel de la Soledad posa indeciso en mis hombros”. Tuve la oportunidad de conocerle. Ebrio, paranoico, comestible. Seguía fielmente el consejo del maestro Baudelaire: “Embrigaos de vino, virtud o poesía, pero embriagaos”. Su primer libro Paranoia era ya todo un vaticinio de que su camino no tenía vuelta:





Boletín del mundo mágico
in: Paranoia, 1963

Mis pies sueñan suspensos en el Abismo
mis cicatrices se desgarran en la panza cristalina
yo no tengo sino dos ojos vidriados y soy un huérfano
había un flujo de flores enfermas en los suburbios
yo quería plantar un taco de snooker en una estrella fija
en la puerta del bar yo estoy confuso como siempre pero las galerías de
                mi cráneo ya no odian el taconeo de mis huesos
colegios y coches fúnebres están desiertos
por las aceras crecen largos delirios
puñados de esqueletos son tirados a la basura
yo pienso en los escorpiones de oro y estoy contento
los luminosos cantan en los tejados
yo puedo abrir los ojos para la luna aprovechar el miedo de las nubes
pero el cielo morado es una visión suprema
mi faz se empalidece con el alcohol
yo soy una soledad desnuda atada a una farola
cables telefónicos se cruzan en mi esófago
en los pavimentos aislados mis amigos construyen un maniquí fugitivo
mis ojos ciegan mi mente se raja en el encontronazo con una llanta
                mi alma descoyuntada pasa rodando

(La traducción es mía)

Condesa Lara