jueves, 10 de noviembre de 2011

Festival Eñe – Entrevista a Alberto Anaut

El Festival Eñe nació en Madrid allá por el año 2009 con el objetivo de ser un encuentro de escritores, lectores, editores, críticos y demás interesados en la literatura y en el arte en general. En plena crisis económica, un proyecto como éste podría parecer una deliciosa locura, sin embargo los números han demostrado que un trabajo bien hecho es una garantía de éxito: ésta será la quinta edición en total y la tercera en Madrid (las otras dos tuvieron lugar en Uruguay y en Perú). Para abril de 2012 ya está concertada la cita del Festival en México DF.

El Festival Eñe 2011 será en el Círculo de Bellas Artes los días 11 y 12 de noviembre, a donde acudirán ciento diecinueve participantes, entre los cuales hay tanto escritores consagrados como nuevos, españoles e hispanoamericanos: Ana María Matute, David Trueba, Joaquín Pérez Azaústre, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Vicent, etc.

Para mayores informaciones sobre la programación:

Todavía puedes comprar tu abono en:



ENTREVISTA A ALBERTO ANAUT
           
            Él fue periodista económico de gran éxito (Revista Mercado, Diario 16, Cinco Días, El País). Él es director de La Fábrica.  Él es madrileño y madridista. Él es Alberto Anaut:



Condesa Lara - Como le he dicho, soy brasileña y me gustaría saber si existe la posibilidad de un Festival Eñe en un país no hispanohablante.
Alberto Anaut – Sí, sí y en concreto tenemos un proyecto para hacerlo en Brasil. El Festival Eñe en Latinoamérica lo hacemos de la mano de la Agencia Española de Desarrollo. La próxima edición del Festival en América lo vamos a hacer en DF (Ciudad de México) por petición de la Ministra de Cultura de la Ciudad de México. El año siguiente tenemos ya una petición de Miami para conmemorar los quinientos años del descubrimiento de Florida. En Brasil lo haremos relativamente pronto, porque sí que queremos que sea un Festival español pero también un Festival Ibérico e Iberoamericano. La cultura portuguesa es muy importante y la cultura y la potencia brasileña también. No podéis tener un Campeonato de Fútbol y no tener un Festival Eñe…
CL – Es verdad (risas). Es aquello que decía Dostoievsky que “la mejor manera de ser universal es narrar muy bien tu propia aldea” ¿no? Entonces también pienso que el Festival Eñe tiene toda la potencia de ganar proyección internacional como una manera de defender la hispanidad y el idioma español.
AA – Sí, sin duda.
CL – Quería saber como usted ve los cambios que internet ha provocado en la manera en la que una persona se hace conocida en el “mundillo”. ¿Es mejor tener un blog público o es mejor guardar obras originales e inéditas para la publicación tradicional en una editorial?
AA – Bueno, yo creo que son compatibles las dos cosas. No me imagino un libro publicado en un blog. Bueno, aunque si pensamos en el folletín del siglo XIX, que publicaba las partes de una obra en un periódico, sí que nos lo podemos imaginar. Creo que el blog es un medio fundamental para establecer una red de contactos y de difusión, para darse a conocer. Para  la Revista Eñe internet es muy importante. Por ejemplo, el premio Cosecha Eñe cuenta con más de 3000 candidatos, y un número así de participantes sólo se consigue gracias a internet. Sin esta plataforma, sería prácticamente imposible. Y además, para la propia difusión del festival es muy importante, porque aquí nos juntaremos siete u ocho mil personas, pero el alcance que va a tener en la red es incalculable.
CL – Es verdad. Ahora me gustaría preguntarle más por su trayectoria profesional. ¿Cuál es el gran equívoco que las personas cometen al hablar de usted?
AA – Mucha gente se piensa que soy catalán. (risas). Y en lugar de llamarme Alberto, me llaman Albert.
CL – A lo mejor es por su apellido.
AA – Sí, sí, pero el apellido no es catalán, es de Navarra, es un apellido vasco. Pero mucha gente me llama Albert, pero a mí ya no me importa.
CL – Usted es de Madrid ¿no?
AA – Sí, soy de Madrid.
CL – ¿Y  madridista también?
AA – Por supuesto. Futbolero y madridista.
CL – Pues mira, yo también soy futbolera.
AA – ¿Y  madridista también?
CL – Aquí en España sí, por supuesto. Bueno, volviendo a las preguntas, usted viene del periodismo económico ¿Qué cosas tienen en común la economía y la cultura?
AA – Las empresas. Tienen las empresas en común. Y es muy importante porque La Fábrica también es una empresa, entonces nuestra manera de mirar la cultura es como una organización, y acreditamos que esto es un valor positivo, no un lastre. Yo realmente nunca habría podido  poner en marcha algunos proyectos si no hubiera sido periodista económico. Nunca lo había pensado antes, pero tu pregunta me ha hecho pensar y podríamos decir que es así.
CL – Muchas gracias. Usted por su trayectoria se nota que es muy aventurero, muy inquieto, ¿usted sigue a los sabios o a los locos?
AA – Me gustaría seguir a los sabios…
CL – (risas) Y ese “me gustaría” significa que…
AA – Significa que en cualquier aventura hay un punto no sé si de locura, pero por lo menos de inconsciencia. (risas) Yo siempre comento con amigos que los empresarios lo son porque realmente no tienen la información de lo que es el sufrir ser empresario (risas), si la tuvieran, no lo serían. Pero bueno, yo creo que poner en marcha algunos proyectos es una bendición, una gran suerte y eso es lo que compensa el esfuerzo y las dificultades.
CL – Con tantos proyectos y frentes como La Fábrica, Matador, Revista Eñe, Photoespaña… ¿le falta tiempo o le sobra tiempo?
AA – Me falta tiempo porque intento además vivir. (risas) Y creo que lo consigo. Bueno La Fábrica es lo que engloba todo, y luego está la editorial, la galería de arte… Tenemos una organización en que cada área lleva un director. Yo soy director de La Fábrica y director de la editorial. Ese doblete me lo pone un poco más difícil. Si solamente fuera director de una cosa o de otra creo que sería más fácil. Pero yo tengo una cierta capacidad de trabajo, tenemos un equipo estupendo y tomamos decisiones con cierta facilidad…Pero digamos que duermo poco (risas)
CL – Pero eso todos, ¿no?
AA – Sí es muy común en Madrid
CL – Para terminar: ¿Cuál ha sido el escritor que usted no ha leído y no le ha gustado?
AA – No sería justo para ningún escritor decir que no lo he leído y no me ha gustado, pero…
CL – Si quiere puede ser un escritor que esté muerto…
AA – No, entiendo que tú quieres que yo sea un poquito provocador…pues digamos que Arturo Pérez Reverte.
CL – Y la última: su lema es…
AA – Tengo dos. En La Fábrica tenemos muchos lemas. Nuestro gran lema es “nada da igual”, incluso lo tenemos puesto en la puerta, porque significa un espíritu. Pero hablando del Festival Eñe, le aplico el segundo lema que es “hay que intentarlo”.
CL – Muy bien. Muchísimas gracias.
AA – Muchas gracias a ti.


Condesa Lara

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Delicadeza II (La de tus orejas)

“O poeta nao se conforma de nao conhecer todas as formas da delicadeza” Cacaso






Para plasmar la delicadeza de tus orejas:


El perímetro del pomo de tu cabeza es el contorno completo de todo tu tiempo: laberintos áureos de cartílagos, lóbulos rebeldes, jardines de queratinas, y escaleras musicales por donde subo para escuchar el canto de las sirenas que nos atrajeron con la promesa de que no somos mortales porque somos dioses. Por ello, tu oreja es el fracaso de la sangre.

Condesa Lara

sábado, 5 de noviembre de 2011

El año de la rubia, el fruto estéril del deseo






El año de la rubia de Jesús Nieto Jurado es una novela corta de 85 páginas, pero en la que se narra la experiencia de una vida entera. Bajo la clave metonímica de la parte por el todo encontramos la representación amplia de su significado: el año por la vida, y la rubia por todos los ideales frustrados e inalcanzables.

El año del título se condensa en un verano: un instante desmayado, una angustia en el bochorno de la siesta, sobre el que buscamos a deshoras un cosquilleo desvanecido en la arena. El verano es siempre una promesa: la de licores frescos, la de besos en las orillas del cuerpo, la de suicidios estivales. La rubia es toda la promesa del verano. La rubia es la única promesa de una vida tediosa cuyo paso está marcado por la caída rítmica del cabello y por los botellones a pie de plaza.

No obstante, hay veces que el verano no cumple lo que promete, como también hay veces que la vida atropella pasiones, destruyendo así el arrojo que bulle en los amaneceres de junio. La imagen de la rubia se había configurado como la única salvación posible para sesgar la tragedia cotidiana, y su conquista habría sido la consagración victoriosa de alguien acostumbrado a perder, habría sido la dilatación del estío más allá de sus límites. Pero el ideal de la rubia se desvanece con la primera brisa del otoño.

Como bien sabemos, la posesión del objeto mata el deseo. En El año de la rubia los objetos anhelados nunca se llegan a conseguir, son fracasos sucesivos que atrofian la realización ideal de uno mismo. Por ello, hay un rugido polvoriento en cada fragmento de la memoria. Además, el deseo está plasmado en la novela porque sigue vivo, porque no se ha poseído ningún objeto; es necesario este fracaso para que exista la obra. El año de la rubia es fruto estéril del deseo. El año de la rubia es toda una promesa.


Condado de las Letras

viernes, 4 de noviembre de 2011

La imaginación

Escritos de la Ilustre Cuadrilla

Hoy tenemos el placer de recibir a un invitado muy especial en nuestros Escritos de la Ilustre Cuadrilla: el escritor y columnista de El Norte de Castilla, el célebre duque Eduardo Martínez Rico, poseedor de una cualidad fundamental para uno que se dedica al oficio de la palabra: la capacidad de escuchar. Escuchó a Francisco Umbral en sus dos libros sobre el escritor (Umbral: vida, obra y pecados y Umbral: las verdades de un mentiroso ilustre), escuchó a Pedro J. Ramírez en su Tinta en las venas, por citar algunas de sus obras. Ahora nos toca a nosotros escucharle:
(el texto que sigue fue escrito hace algunos años)


LA IMAGINACIÓN


            Una de las facultades más grandes del hombre, más divinas, es la imaginación. Los niños la poseen muy desarrollada y poco a poco la van perdiendo. No sé por qué ocurre esto: ¿la perdemos porque es algo natural en nuestra vida, o porque hay causas extrañas que propician esta pérdida? Tengo la intuición de que el colegio y la Universidad atentan contra la imaginación. Nuestra educación nos da muchas otras cosas, pero apaga las imágenes que aparecen en nuestra mente, nuestro “cine” interior.
            Me acuerdo, cuando era pequeño que les decía a mis compañeros en el recreo, en el colegio, que cerraran los ojos porque “salía cine”. No hacía falta más que cerrar los ojos para que afluyeran las imágenes a la mente y se vieran con la misma nitidez con que vemos una película. Yo eso lo perdí.
            He leído mucho a lo largo de mi vida, a veces pienso que he leído demasiado, he escrito mucho, y durante muchos años tuve apagada mi imaginación. Leía, pero no imaginaba; entendía lo que decían los autores, sus ideas, sus explicaciones, y seguía la trama de las novelas, pero no las volvía en imágenes. No veía a los personajes, ni los escenarios, nada. Eso yo creo que me ocurrió con más fuerza durante la Universidad. Estudié Filología, y no paré de leer, tampoco paré de escribir. Salvo excepciones, y estoy recordando un cuento sobre el Cid, “El signo de interrogación”, no veía, no imaginaba lo que escribía. No sé por qué pero el Cid, a mí, me devuelve la imaginación.
            Fue precisamente cuando me puse a escribir la novela Cid Campeador, que volvió la imaginación a mi mente. Veía a los personajes, las batallas, los trajes, los caballos, el ceñidor, la gran joya que levanta la codicia de los personajes… Se puede escribir de muchas maneras, pero parece elemental que cuando uno escribe un cuento o una novela imagine lo que está escribiendo. Yo sostengo que si un novelista no consigue ver lo que está escribiendo, tampoco lo hará el lector, aunque hay muchos tipos de lectores, por supuesto. También hay muchos tipos de escritores.
            El otro día di una charla en la Universidad Complutense, e Isabel Colón, la profesora que me invitó, comentó al terminar el acto que Tölkien, el gran escritor de la imaginación, el autor de El señor de los anillos, decía que cada escritor trabajaba con su formación y que él era filólogo, es decir, él trabajaba con las palabras. Y consiguió crear un inmenso universo imaginativo, lleno de tierras ignotas y personajes fabulosos, lenguas nuevas, etc.
            Si algo me gusta, y me inquieta, de la literatura es que no hay reglas, o todas son susceptibles de romperse. Alguien puede decir que una obra es muy mala, pero quinientos que es magnífica, y al revés. A mí me preocupa que me rechacen destempladamente un libro de una editorial, y en cambio me lo publique otra, y con razonable éxito. Que un lector me alabe y otro me critique furibundamente. Pero éste es un reino abierto, fértil, inabarcable, maravilloso.
            La imaginación es un túnel interior que llevamos dentro; unos lo tenemos apagado y otros lleno de luz. Por ese túnel aparecen toda clase de cosas que vamos descubriendo mientras que avanzamos. Nosotros creamos todo ese mundo, pero va apareciendo solo, por sí mismo. La mejor manera de explicarlo, hoy, es utilizando el cine: se va gestando una película en nuestra mente, un poco sola un poco gracias a nosotros, y nosotros la controlamos en cierto modo, pero sólo en cierto modo. Es una capacidad, un poder, divino, consciente e inconsciente.


                                                                                  Eduardo Martínez Rico


viernes, 28 de octubre de 2011

Jorge de Lima, un poeta en el estado líquido de la materia



           Lo que más llama la atención en  Jorge de Lima (Brasil 1893-1953) es su capacidad por ignorar todas las limitaciones de la existencia, por burlarse de todo lo que sea barrera, pared, cemento; porque él es agua. Fluye por diversas áreas del conocimiento: médico por formación, político por profesión, poeta por vocación y pintor por intuición; como el propio tiempo que fluye hasta llegar a no ser más, a ser eternidad. Jorge de Lima, un poeta que se presenta en el estado líquido de la materia, sobre el cual su poesía “camina sin la gravitación de la carne”, del cuerpo, del límite:

A invençao da polícia - Jorge de Lima


Poema 55 – Encuentro y Anunciación de Mira-Celi (1943)

Y todo habría de ser así, para contemplarte sereno, oh muerte,
e integrarme en tus misterios y en tus milagros.
Ahora veo Lázaros levantándose
y todos los mutilados recomponiéndose como las estrellas del mar.
Sobre tus océanos los seres caminan sin la gravitación de la carne.
Vamos vestidos con el manto de la gracia que cubría al primer padre.
Vamos unidos e iguales en este éxodo para la verdadera patria.
Nuestras sombras se tocan y se confunden en cada encrucijada,
donde vemos aquí y allí las pegadas de Dios.
Dejamos atrás las ruinas de Babel: la lengua que hablamos
es como nuestro hábito común.
Proletarios, frades, artistas, mendigos, soldados,
tenemos los ojos dentro de la misma órbita,
y mis codos tocan los de esta princesa fajada hace milenios.
Después de estos siete mil escalones y estas mil columnas nos han dejado pasar.
Para tras ya se ha quedado la órbita de Mira-Celi.
Misteriosas luces prenuncian otros siete mil escalones,
en que sólo empezamos a divisar indicios
de Tres Presencias divinas, sin principio ni fin.
Y todo debería de ser así para que yo volviera a la eterna Tríade,
al Número Inicial, al Verbo, a la Plenitud.
Vamos unidos e iguales para la gran Epifanía.
¡Ah! ¡Como somos leves y vivos en estas tierras verídicas!
Finalmente resucitamos como el hijo del Hombre.
Somos movimiento, luz, calor, fuego de Dios, gérmenes incorruptibles.
Los niños que vivieron y murieron sin luz
siguen vestidos de los siete colores.
Las siete vocales de los que nunca pudieron articular un nombre
son siete escalas para la más pura poesía.
Empezamos hace poco a iniciar a los sabios,
cuyos dobles  parecían sombras de lobos entre mujeres frágiles.
Somos una procesión de magos,
una turba de cadáveres vivos que entonan el himno de la resurrección.
Y, aunque haya, por la carretera, fuentes que nacen en vertical, del alto,
nuestra sed ya no es de agua.
Todo debería ser así para no creer en el mundo
y soportar esta larga jornada
hasta el acercamiento infinito de las Tres Inmensas Personas
que nunca tuvieron principio ni nunca tendrán fin.

(La traducción es mía)

Condesa Lara

miércoles, 26 de octubre de 2011

Nuestra presencia en el I Congreso Internacional Francisco Umbral


          Este Condado participó del I Congreso Internacional Francisco Umbral. Los placeres literarios: Umbral como Lector (del 19/10 al 21/10) con la comunicación "Baudelaire: el modelo sublime del adolescente de Las Ninfas", lo que explica el largo silencio de este blog: las intensas lecturas, la producción del texto a cuatro manos y el perfeccionismo estilístico con la dosis justa de lirismo consumieron todas nuestras energías.


     (Por si cabe duda: el Conde es el de la derecha)

            También se puede leer en El Mundo (20/10/2011) el artículo del señor J.M. Plaza sobre el Congreso donde nos cita: http://apliweb.uned.es/comunicacion/prensa/ficheros_ver.asp?ID=5201011
           
Aparte de la experiencia de la preparación del texto como de su presentación, nos llevamos del Congreso algunos buenos amigos y las ganas de hacer cosas con ellos. (Si de una boda sale otra, de un encuentro literario ¿qué puede salir?).

Esperamos que en breve podamos compartir más detalles de proyectos futuros. Aguarden.


Condado de las Letras


martes, 13 de septiembre de 2011

La niña de los mandados:


“El Rueda”, el mercadillo y otros caramelos



De tiempo en tiempo la vida parece que se vuelve nostálgica y aviva, espontáneamente, experiencias pasadas. Me he dado cuenta de eso cuando hoy he ido al Mercado de Antón Martín a comprar lo necesario para el día: lechuga, pescado fresco y algo de fruta. Me he acordado de que en mi casa, de niña, yo era quien hacía los mandados a mi madre. No recuerdo cómo esa costumbre desapareció de mi vida, no sé si cuando me cambié de casa, de novio o de corte de pelo, pero sé que hacía mucho tiempo que no iba a un sitio así, antiguo y provinciano, donde las personas andan despacio, afilan meticulosamente los cuchillos e intercambian recetas, chistes y olores.

Al principio de la división de tareas de mi casa yo quería cambiar la mía con la de mi hermano que consistía en lavar el garaje y el perro. “Niña, deja que tu hermano haga eso. Tú, vete al mercadillo, cómprame una docena de naranjas, media docena de…”. Uno se da cuenta de que es inútil enfrentarse a lo que dice una madre cuando se es niño.  Mis padres trabajaban, mi hermano lavaba el garaje y el perro y yo salía puerta afuera para hacer los mandados. La verdad es que a mí siempre me ha encantado esa sensación de salir a la calle con una misión: en este caso la de traer naranjas a la familia. Pero yo sabía que era más que eso, mi misión era traer color a la nevera siempre blanca. Siempre, antes de salir a mi odisea particular del jueves (el mercadillo de mi barrio era  los jueves), me gustaba mirar lo blanca que estaba la nevera, sólo para ver después cómo ella se olvidaba de su naturaleza monocromática y se coloreaba. Un placer de esos, pequeños, que dan belleza a las ínfimas cosas. “Que tristes son las cosas, consideradas sin énfasis”.

Los tipos del mercadillo eran de los más variopintos: pícaros, pescaderos, amas de casa. Había un mendigo que pasaba toda la mañana sentado en la calle, con su muleta al lado, pidiendo dinero “Hola Señora, una monedita, por favor”. Le llamaban “El Rueda”. Me gustaba porque me parecía un tío muy alegre “El Rueda”. Siempre se reía cuando alguien le llamaba y contestaba de buen tono. Yo pensaba que era una lección de gratitud ante la vida aceptar el apodo que le daba donde más le dolía siendo cojo y todo ese rollo que las pedagogas nos cuentan como si conocieran tipos como “El Rueda”, pero que nunca han ido al mercadillo ni han visto a un mendigo. Yo, que le veía todos los jueves, atendía a sus peticiones y siempre le daba algo de cambio que sobraba de las naranjas. “Gracias, señorita. Dios te bendiga”. Esa frase la escuché meses y meses.

Pero había en el “El Rueda” una alegría demasiado alegre. Algo que desentonaba. Y os puedo decir que no me equivocaba: comprendí de qué iba “El Rueda” cuando le vi paseando en bicicleta cerca de la casa de un amigo. Él me vio, me saludó y luego me hizo una señal de silencio. Esa era su alegría y su gratitud ante la vida: el tipo tenía el cuerpo perfecto, sin muletas ni piernas cojas y aún paseaba su perfección por ahí en su bicicleta como si nada. “El Rueda” era la metonimia más irónica del mercadillo y de la propia vida. Esa era la verdad del mercadillo que las pedagogas desconocen: que “la vida no es noble, ni buena, ni sagrada”, pero si tienes suerte puede ser muy divertida, risible y bella. Así que “El Rueda” fue el primer pícaro que conocí, lo que ya tiene su mérito.



 Después del fortuito encuentro con el cojo en su versada bicicleta, él ya no me pedía dinero, sino todo lo contrario, me regalaba cosas para que su paseíto en bici no tuviera más trascendencia. Nada más llegar al mercadillo, “El Rueda” me estaba esperando en su sitio con un caramelito en las manos. A veces incluso hacía el amago de levantarse con mucha dificultad en coordinar sus muletas sin destreza. También me regalaba el oído con piropos impropios a proferirle a una niña, cosa que ningún cliente entendía, pero ese era nuestro secreto, porque yo, sin quererlo, ya era su cómplice en su picardía: “Hola señorita, que guapa viene hoy”, “Hola señorita, me encantaría poder pasear en bici con usted, pero como soy COJO…” y daba mayor énfasis a esta parte. Los que le llamaban “El Rueda” también eran nuestros cómplices y nos reíamos todos: “El Rueda”, los vendedores y yo.

Un día llegué a casa con la docena de naranjas, la media docena de… y un caramelito de “El Rueda”. Mi madre me preguntó “¿De dónde tú has sacado ese caramelo, niña? Ya te he dicho que no cojas dulces de desconocidos, porque te meten droga…”. Le dije que no se preocupara, que era de un amigo que tenía en el mercadillo. “¿Pero cómo se llama ese amigo tuyo?”. “Es “El Rueda”, es un pobre mendigo, madre, pero le caigo bien”. “¿Y por qué “El Rueda”?”. “Porque…porque…porque… él es COJO” (también puse mucho énfasis en esta parte). Esta fue la primera vez que me sentí pícara en la vida. Pícara y cómplice de una mentira, de un crimen. “¿Y él acepta que le llamen así?”. “Sí, él incluso se ríe”. “De verdad, niña, esa gente no tiene corazón. Mira que lección de vida, que gratitud ante lo que le toca, porque otro en su lugar…”. En este momento me acordé de que mi madre también era pedagoga y que no podría jamás llegar a entender la ironía del mercadillo ni la picardía que dulcificaba aquel caramelo.


Condesa Lara